AHHHHHH!

Este blog no tiene alguna enseñanza, solo es mero desahogo existencial.

El experimentar tanto en los ultimos meses creo ha hecho que mi cabeza piense demasiado y si no lo externalizo, me volveré loco.

Seré directo: creo que son las redes sociales. Como bien Coke reflexionó hace poco: “Nos meten la idea de qué es el éxito, la felicidad y una vida chingona”. Constantemente lo vemos. Das sweep up y ves otro post o reel que te recuerda algo que tú no tienes, normalmente asociado a hábitos de consumo: viajar mucho, vestir cool, casas del sueño, una vida de gastar dinero y tener cosas. O bien, mi feed está centrado en gente mostrando su trabajo o su forma mágica de ganarse la vida, lo cual me pega mucho porque es justo lo que estoy tratando de hacer -sin éxito-.

Odio/amo las redes sociales. Creo en ellas como herramienta para conectar con personas, compartir cosas que genuinamente te interesan, y como una gran alida en el marketing-ventas de un negocio. Son increíbles. ¿Pero a que costo?

Somos millones de personas adictas al celular. No podemos vivir sin él. Estamos ya automatizados a distraernos a la mínima señal de aburrimiento u ocio para ver constantemente la vida de miles de personas. Ahora no solo vemos lo que nuestra comunidad está logrando, ahora vemos lo que todo el fucking mundo está haciendo. Claramente no sabemos como usarlas, porque no es algo a los que estamos evolucionados a convivir: somos changos con un celular e internet.

Dejando la humildad a parte, considero que he logrado cosas chingonas en mi corta vida. De las que me siento muy orgulloso y son excepcionales, pero que he normalizado y, digamos, no he hecho mucha consciencia o disfrute de ellas por estar en el rush de“what’s next?”. No me he dado ese tiempo de darme una palmadita y decirme: “Felicidades, mira lo que has hecho!”.

Resumiendo super sesgadamente: soy un hombre blanco de 23 años que vive solo, con un gran empleo godín y un negocio propio, que se independizó de la casa de sus papás a los 22 años, recién graduado de una universidad privada —carísima— con beca del 100% que conseguí por esfuerzo/suerte al estudiar full time en secundaria y prepa, y, a la par, tengo una familia y amigos chingonsísimos. I don’t know, men... pero si miramos la vida promedio mexicana, me ha ido bastante bien y, aun así, me siento insuficiente. O quizá, solo es un sentimiento resultante de una ambición absurda estimulada por redes sociales y los círculos en los que me he movido recientemente.

He visto tiktoks virales que dicen: “Los hombres solo tienen 5 moods”, y aunque sean un meme y una caricatura de un hombre, es interesante ver lo compartidos que son estos videos y, por lo tanto, algo de verdad tienen. Con los que me identifico últimamente son: “¿Cómo nos volveremos ricos?” y “Mi familia me necesita”. Este último realmente es una causa del primero. Pues sinceramente he visto cómo mi padre y madre se la han partido trabajando en algo que no necesariamente los compensa bien, considerando lo bien que hacen su trabajo y lo mucho que lo disfrutan. Quisiera que estuvieran más en paz. Creo que muchos queremos eso con nuestros seres queridos, ¿no? Intentar ayudarles de una forma u otra.

Por si no lo sabían, a mí me encanta ver podcast, particularmente, los de CREATIVO y LA COTORRISA; ambos crearon su idea -y su modelo de negocio- poco a poco, de forma orgánica y tan chingona (soy fan). Y disfruto mucho cuando llevan invitados y escucho sus historias de cómo iniciaron y han crecido hasta lograr cosas chingonas… y siempre pienso “¡qué chingón! yo quiero impactar así con mi trabajo”. Pero de repente termina el episodio y vuelvo a mi realidad. Que no es para nada triste. Me gusta mi vida. La disfruto. Pero luego siento este contraste al pensar que hay gente ganando “n” veces más con menor esfuerzo y más diversión, y digo: “Fuck”. Y ahí es cuando pienso: “¿Cómo nos volveremos ricos?”.

Genuinamente no necesito ser rico, solo quiero seguir el consejo de Aristóteles cuando dice que solo vamos a florecer si se nos permite ejercer nuestras más elevadas capacidades (reír, amar, hacer arte, comunicarnos, razonar, practicar la ética, filosofar, contemplar...) y digamos que el dinero facilita esto. Actualmente diría que hago varias de estas cosas, pero sé que no realizo a lo máximo a lo que puedo llegar. Me falta.

Quiero tomar fotos solo por diversión, explorar más tipos de arte, llevar mi cuerpo a un estado óptimo de salud, ayudar a los demás, conocer más personas, leer más, aprender y tomar tantas clases como pueda, reír, bailar y contemplar más la vida… tanto por hacer.

No quiero objetos. No quiero relaciones falsas. No quiero una vida de lujos. Solo quiero hacer más actividades que me hagan sentir más vivo como humano, y, si se puede, ayudar a otros a sentir lo mismo. El no tener dinero no me impide reír, pero sí me limita a estar “serio” por 8 horas para poder ganar mi salario, y por lo tanto, no me lleva a un mayor florecimiento.

Creo que me explico, ¿no? Y digo, realmente decir que los que viven una vida “normal” no son exitosos o no son felices es algo cruel e injusto. En primera instancia, porque cada quien define estos conceptos y el cómo vivirlos y, en segundo, porque realmente es lo que este sistema capitalista permite estructuralmente que pase. La mayoría no está mal ni ha fracasado. Eso es lo normal que pase, tanto por la naturaleza del “camino del menor esfuerzo” como por el sistema económico que tenemos, que beneficia solo a muy pocos.

La excepción es que haya gente viviendo de playa en playa con su negocio online que les genera millones. Eso es raro. Eso es excepcional, no es la regla. Pensar que todos pueden llegar a vivir la vida que tanto nos venden en redes sociales es una ilusión, un sueño para muy pocos; es no entender el hecho de que es insostenible que todos tengan una vida así (económica y ambientalmente).

Pero... ¿a qué iba con todo esto? ¡Ah, sí! Yo quiero vivir mis más altas capacidades. Me da miedo no hacerlo. Me aterra caer en decadencia. Me aterra replicar los malos patrones que veo en mi comunidad. Me da miedo marchitarme y apagar este “brillo” que con mucho orgullo me identifican... y para ello necesito dinero, solo un poco más ¿o no lo necesito y realmente me estoy autosaboteando y justificando mi inactividad?. Interesante. Considerando que el “dinero godin” es lento, explotativo y menos satisfactorio…. en definitiva necesito mi negocio. Y ahora ¿qué negocio? ¿Cómo crearlo? ¿Con quién construirlo? Y entran estas dudas de: ¿En qué soy bueno? ¿Cómo pudiera yo crear algo? ¿Qué sé yo sobre crear un negocio?

¿Se nota cómo tengo mucho en mi mente? Solo estoy escupiendo y combinando ideas.

¿Lo mejor de todo? Sé que es cuestión de tiempo que haga algo chingón. Lo sé. Me conozco. Me he superado en cada etapa y he cumplido la mayoría de los retos que me propongo. Soy un generalista que le gusta aprender y moverle a todo. Lo aterrador de esto, que bien pudiera llamar “Plan de libertad financiera para un florecimiento humano”, es que no tengo una fecha límite aparentemente. Por lo que pudiera darme mi tiempo para planear, esperar el momento indicado, prepararme mejor, etc., pero sinceramente sería ignorar el hecho de que puedo morir mañana. Y así es la vida de graciosa. Hoy andas planeando tus vacaciones para dentro de un año, y mañana un camión se queda sin frenos y te atropella. Y como dice Sinatra: “That’s life”.

En verdad creo que las redes sociales, o al menos mi algoritmo, me dicen constantemente: “¡Crece! ¡Emprende! ¡Haz dinero! ¡Vive tu vida! ¡Disfruta! ¡Graba contenido! ¡Crece tus seguidores!”. Lo cual, en lo personal, estas últimas dos me dan mucha hueva. Y lo detesto, ya que sé que tener una marca personal ayuda cabrón a cualquier negocio... pero, idk men... la idea de convertirte en un producto de consumo que entretiene (ya sea bailando o enseñando algo) me da algo de pereza y miedo ¿por qué? vean el siguiente video “Ser humano como producto de consumo - Zygmunt Bauman”.

To be honest yo sería feliz sin redes, pero actualmente es el modo más sencillo de hacer realidad un negocio. En medio de todo este caos, lo que realmente me ha dado paz es acariciar a mis perritos (Bella, Coqueta o Meraki), comer en familia, tomar un cafecito o una chela con algún amigo por unas dos horas, tomar la cámara y buscar algo bello, escribir y leer, caminar y respirar conscientemente... cada una de esas cosas me brinda calma, me da paz, y me permite desacelerar por un momento para respirar, reflexionar y contemplar.

Pero bueno, suficiente por hoy. Espero tener suerte y vivir lo suficiente. Y si no... pues al menos diría que al día de hoy viví, y estoy viviendo, una buena vida con intención y buena compañía.

—-

PD. La pintura "Nighthawks" de Edward Hopper refleja la soledad y el aislamiento compartido en la vida urbana saturado de comparaciones y de ilusiones de éxito superficial. Me gusta mucho esta obra.

Pd. No conocía hasta hoy a “Los jugadores de cartas” de Cézanne, pero me agradaron. Me recuerdan la importancia de la camaradería, a que uno tiene que intentar ganar con las cartas que la vida le dió, pero sobre todo, a la idea de “no quiero ser un jugador de poker” que grabe en video cuando recien vi el podcast de Jonathan Kubben “Mom, I’m fine”.








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