Me gustaría ir a mi propio funeral

¡Hello! Nadie reciente a mí ha muerto, afortunadamente, pero te comparto estas 4 reflexiones que he tenido acerca de ella.

1) Funerales para los vivos

En el episodio 4 de la segunda temporada de Daredevil, se lleva a cabo el funeral de Grotto, un delincuente y cliente de Matt. Durante la eulogía, el padre Lantom no idealiza al difunto ni dice cosas amables; en cambio, reconoce sus defectos y su vida pecaminosa. Al finalizar, Matt hace énfasis en lo duro que fue el sermón, y el padre le responde:

“Los funerales son para los vivos y reescribir la historia solo diluye las lecciones que esta debe enseñarlos”

Por más que la ceremonia gire en torno al difunto, que su nombre esté en las invitaciones y su cuerpo en el ataúd, la verdad es que la misa es para los vivos. Para quienes aún pueden ser. El de la caja ya no tiene oportunidades ni historia, su punto final está escrito. Ni la misa ni el sermón lo cambiarán. La muerte es un recordatorio para los que siguen aquí, los que aún pueden actuar, cambiar y vivir mejor.

2) Me gustaría ir a mi propio funeral

¿Alguna vez se han preguntado cómo sería su funeral? Yo sí, muchas veces. ¿Quién iría? ¿Qué dirían? ¿Llorarían o reirían al recordarme?

No profeso alguna religión, por lo que para mí no hay vida después de la muerte, pero me encantaría estar equivocado y que mi fantasma pudiera asistir a mi funeral para escuchar cómo mis amigos y familia recuerdan los momentos que compartimos, cómo me extrañarían, cómo se sinceran sobre lo que signifiqué en su vida, cómo platican de alguna foto que les tomé… Algo egocéntrico, un poco, sí, jajaja.

Siempre me he autoetiquetado como una buena persona, auténtica y con un toque de locura, curiosidad y felicidad… y sinceramente espero que las personas también me consideren así. Pero esas cosas no se dicen a diario, salvo en cumpleaños o momentos especiales. En un funeral, uno se vuelve muy vulnerable y, ante la imposibilidad de una respuesta del difunto, la gente dice sinceramente todo lo que siente, piensa o experimentó contigo.

Luego pienso en mi abuelita y me doy cuenta de que mi idea es una pendejada. Mi querida Nanis no quiso misa. No porque no pudiéramos hacerla, sino porque no le veía el sentido. Decía:

¿Para qué reunir a todos cuando mueres si no estuvieron cuando estabas vivo? ¿Para qué escuchar lo bueno que eras, que te querían y extrañarán, si nunca te lo dijeron en vida?

Pfff. Bravo. Me gustó. Tiene sentido, ¿no? Así que, fuck mi idea de ser fantasma e ir a mi funeral. ¿Para qué quiero ver cómo las personas me lloran muerto, si puedo ver cómo me sonríen en vida? Ya con eso es suficiente.

3) La ironía de la muerte

Últimamente, mi algoritmo ha pensado que mi perrita falleció y me ha mostrado muchos videos de gente despidiéndose de su amor peludo. Muy cruel por parte del algoritmo, pero en parte lo agradezco. Porque créanme, el hecho de recordar que mi perrita Bella no será eterna solo me hace abrazarla más y más fuerte. Hace que cada paseo suyo valga la pena con tal de verla correr libre y con esa sonrisa, porque sé que son limitados los momentos que tendremos juntos. Me encantaría que me durara para siempre, pero el hecho de que este conmigo tan solo unos años hace que la atesore más… y así con todo, ¿no?

PD. No pude escribir este párrafo sin llorar.

Necesitamos la muerte, porque sin ella todo se volvería banal. No tendría sentido contar los días si fueran ilimitados y, por lo tanto, se perdería el valor de vivir un día más. Saber que morirás en dos años da un sentimiento muy diferente a saber que vivirás otros veinte. Al menos yo cambiaría muchas cosas.

La ironía es que la muerte, con todo el odio y miedo que le podemos tener, es la única que le da vida a la vida.

4) La muerte está a la vuelta

Es imposible asegurar que mañana seguiremos vivos al final del día. Puedes buscar noticias de accidentes en tu ciudad y te aseguro que esas personas no tenían ni la menor idea de que sería su último día.

Vivimos con la falsa certeza de que moriremos de viejos y esa ilusión de abundancia nos vuelve generosos con nuestro tiempo, diciendo “sí” a cosas que no nos importan.

Personalmente, uno de mis mayores miedos es morirme sabiendo que postergué mi felicidad o mis sueños, confiando a ciegas en que mañana tendría tiempo para lograrlos, pero ¡ups!... el destino, la naturaleza, Diosito, la suerte o quien tú quieras dijo: “No, hoy vas pa’ la caja”.

Luego profundizaré más en ese tema, pero considero que este pensamiento es clave para detonar una vida con más propósito, en la que intentas disfrutar tu día a día, en la que vives en el presente y no postergas lo que quieres hacer o decir. Una vida en la que disfrutas el proceso sobre el resultado… porque, principalmente, no sabes si habrá un mañana que puedas disfrutar.

¿Tú qué te has pensado acerca de la muerte? ¿Qué te ha enseñado? ¡Compartelo!

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