sombrero negro.amarillo
¿Les pasa a todos, no? Verle el lado negativo a las cosas, mortificarse por adelantado o simplemente no confiar en que lo lograrás. A mí me pasa muy seguido, más de lo que quisiera… y no está cool.
¿Conocen la estrategia de los Sombreros de Bono? Hay seis sombreros de colores, y cada uno tiene un rol o forma de pensar. Es útil para trabajar sobre una idea o problema de forma creativa. En mi caso, tiendo mucho a usar el negro; como que el tema de ver posibles problemas, riesgos e incertidumbres se me facilita demasiado. No es que los otros no los tenga o use, pero siento naturalmente nos inclinamos a usar el que te hace estar al pendiente de los peligros, “sobrevivir” y salir lo menos lastimado.
Pero, a la vez, el negro sobresale por el hecho de que varias veces me impide avanzar. Es como manejar a la defensiva todo el tiempo, tanto que no confías en hacer ningún movimiento y concluyes que lo mejor es ni siquiera manejar… pero ¿y la diversión? ¿Y el disfrutar el trayecto? ¿Y el sentirte orgulloso de llegar al destino?
El polo contrario sería el amarillo, esta persona que se enfoca en los beneficios, oportunidades y en confiar en que saldrá bien. Me encantan. Los envidio tanto, jaja. Personalmente, me mama rodearme de ellos, pues me cambian la perspectiva y me dan esperanzas o tranquilidad. Todo es optimista ante sus ojos.
Un ejemplo reciente de esto fue la sesión navideña que tuve. A mí ya se me había ocurrido hacer una, pero no la ejecuté por mil razones negativas. Hasta que me topé con Baruch, quien me convenció en menos de cinco minutos de que no había razón alguna por la cual no deberíamos intentarlo. Todo pintaba a favor. Y así fue… un éxito que nos benefició a ambos. Baruch me mostró cómo se ve el panorama desde su sombrero amarillo. Me dio perspectiva.
Y yo creo que a veces eso necesitamos en el día a día: perspectiva. Una diferente a la nuestra y que nos recuerde que hay más formas de ver las cosas.
Prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga
En los últimos años he tenido muy presente la anterior frase, que viene un poco de la filosofía estoica más un poco del libro El arte de la guerra, de estar preparado para tus batallas. Me agrada demasiado, pues me dice que está bien, e incluso es necesario, ser “negativo” para ver los aspectos malos y ver cómo chingados los vamos a prevenir, contrarrestar o contraatacar. Unas preguntas clave que me guian son:
¿Cuáles son los peores escenarios posibles?
¿Qué puedo hacer para minimizar los riesgos?
¿Cuento con un plan B (o incluso C)?
¿Qué recursos, conocimientos o habilidades necesito reforzar para afrontar lo peor?
¿Estoy emocional y mentalmente preparado para enfrentar dificultades?
¿Qué señales de alerta debo identificar antes de que algo salga mal?
Pero, por otro lado, la frase invita a ser optimistas con los resultados, creer en nosotros y en el trabajo hecho, lo cual es algo en lo que ando trabajando…
Y por último, el toque estoico perfecto: “acepta lo que venga”, pues si hiciste todo en tus manos para lograrlo y no se logró, el resultado quedó fuera de tu control, y eso está bien. Las cosas no son buenas o malas, solo existen; uno tiene la capacidad de aceptarlas y elegir cómo afrontar los resultados. Eso me encanta. Aquí otras preguntas guía para darle perspectiva al resultado:
¿Qué está fuera de mi control en esta situación?
¿Cómo puedo adaptarme si el resultado no es el que esperaba?
¿Qué puedo aprender de cualquier desenlace, sea positivo o negativo?
¿Estoy dispuesto a soltar y seguir construyendo sin cargar con frustraciones innecesarias?
En algún otro blog hablaré más sobre el tema de la esperanza, el cual es increíble. Los beneficios de ser alguien que cree más, que es más positivo y tiene más esperanza en algo mejor… ufff, hay “n” cantidad de estudios que demuestran cómo les va mejor social, psicológica y físicamente a estas personas.
Es complicado cambiar el “chip” de un día para otro. No puedes ser negativo y luego positivo como si fuera un switch. Pero… lo que sí puedes es rodearte de personas que te levantan, que te dan ánimos, que creen en ti cuando incluso tú no lo haces. Que te ven potencial y te dan ese empujón que necesitas. Eso es vital y te puede sacar de muchas crisis o incertidumbres. No tienen que ser chingos de personas… basta con uno. Puede ser tu mamá, tu hermano, tu mejor compa, un maestro que admiras, la barista de tu cafetería favorita o ¡un pequeño fan!
Y hey, puede ser al lado contrario. A veces las personas necesitan que alguien les diga un comentario bonito y alentador. ¿Por qué tú no? En menos de seis palabras le puedes hacer el día y cambiarle la perspectiva a alguien.
También tú, no seas necio y déjate ayudar. Sí, la vida apesta y seguramente las cosas no saldrán como quieres, pero… tampoco saldrán tan mal como te imaginas. ¿Y si lo intentas?
¡Cambia el sombrero!