valora tu trabajo

Hace poco realicé una cobertura de foto de 3 horas a una amiga. Cuando llegó el final, me preguntó: “¿Cuánto te debo?”. Le respondí la cantidad faltante considerando el adelanto. Se quedó dudosa y me insistió en que le dijera de verdad cuánto le debía. Mi diablito de la izquierda me dijo: “Aprovecha y súbele más”, pero mi lado íntegro le respondió: “No te preocupes, está todo cubierto de acuerdo a lo que habíamos quedado”.

Dentro de mis servicios de fotografía, algo que me ha distinguido es el hecho de entregar extremadamente rápido. En menos de 24 hrs for sure tienes tus fotos. A ella le entregué sus fotos en menos de 5 horas. Literalmente terminó el evento, me fui a mi casa, prendí la lap y me puse a seleccionar y editar las mejores fotos.

¡Y voilà! Recibió como 300 fotos de momentos auténticos y lindos. Cuando le mandé mensaje para entregárselas, ella quedó atónita: “¿Peroooo cómo es posible? ¡Qué rapidez! ¡están hermosas todas!”. Un servicio “Priceless” a boca de varios. Me volvió a repetir que sentía que no me había pagado lo correcto y que me debía algo, jaja.

Experiencias así me han pasado con otras personas que han apreciado demasiado la calidad de mis servicios, no solo por el tema de la fotografía y la rapidez de la entrega, sino por mi personalidad carísmatica que hace sentir cómodos a todos.

En fin, esta experiencia me dejó pensando bastante. Mi hermana ya con anterioridad me había dicho que me malbarateaba mucho considerando todo lo que había invertido en mi equipo (spoiler: todo lo de foto es carisisimo), en mi persona, habilidades y en que el cliente tuviera una excelente experiencia con mi servicio.

Claro, yo había fijado mis precios según mis experiencias y mi necesidad de ganar algo de dinero, pero sin pensar en si eran realmente adecuados ni en quién era mi mercado meta.

Es muy fácil a veces aceptar clientes “baratos” con tal de ganar algo de dinero. Uno a veces se dice: “Pues de eso a nada, mejor ganar aunque sea algo”, que siento que en ocasiones no está mal (dependiendo de las metas o situaciones de cada uno), pero en definitiva no solo te devalúas, sino que puede llegar a cansarte y comprometer tu energía, creatividad y crecimiento.

Es una apuesta por el volumen en lugar de la calidad, mientras que yo busco ofrecer calidad de manera holística.

Como bien dice Zamer, de quien son las imágenes adjuntas, es necesario tener una estrategia, un branding y saber distinguir bien cuánto vales y cómo aportas valor; personalmente, es algo que sigo trabajando en ello.

En mi caso, funciona al cobrar mis servicios de fotografía, pero es lo mismo cuando aplicas a un trabajo y te preguntan: “¿Cuánto quieres ganar?”. Si estás seguro de lo que vales y cómo aportas valor, te será muy fácil justificar ese número, pero si no, probablemente no te darán el puesto o quizá sí, pero con el sueldo que ellos subjetivamente consideran justo.

Aquí te dejo unas preguntas que te pudieran detonar una conversación interesate y necesaria:

  1. ¿Cuánto tiempo y esfuerzo he invertido en desarrollar mis habilidades y conocimientos?

  2. ¿Qué costos tengo (herramientas, materiales, tiempo, capacitación) para ofrecer este servicio o producto?

  3. ¿Qué me diferencia de otros en mi industria y por qué alguien debería elegirme a mí?

  4. ¿Quién es mi cliente ideal y cuánto está dispuesto a pagar por lo que ofrezco?

  5. ¿Cuánto necesito ganar para que mi trabajo sea rentable y sostenible en el tiempo?

  6. ¿Estoy cobrando basado en mi valor real o en el miedo a que no me contraten?

8 de 8 blogs en marzo. Qué locura. Gracias por leer.

¡Hasta la próxima!



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